Sueño de una noche de verano
Sueño de una noche de verano HIPÓLITA.—Se me antoja que esa desolación no ha de ser muy larga, para semejante PÃramo.
DEMETRIO.—Una hebra de pelo harÃa inclinar la balanza entre el mérito de PÃramo y el de Tisbe.
LISANDRO.—Ya le ha observado con esos dulces ojos.
DEMETRIO.—Y dirá ahora, a saber…
TISBE.
¿Duermes, amor mÃo?
¡Qué! ¿Muerto, pichón mÃo?
¡Oh, PÃramo, levántate y habla, habla!
¿Mudo? ¡Muerto! ¡Muerto y frÃo!
Una tumba debe cubrir esos dulces ojos.
Esas cejas color de lirio,
esa nariz de cereza,
esas mejillas color de retama,
se ha ido. ¡Se han ido!
¡Gemid, amantes!
¡Sus ojos eran verdes como alfalfa!
¡Oh parcas! ¡Venid a mÃ, venid,
con manos pálidas como la leche,
y teñidlas en mi sangre,
ya que habéis cortado
con vuestras tijeras su sedoso hilo!
Lengua, no digas ni una palabra más.
Ven, fiel espada;
ven, hoja, y queda embutida en mi pecho.
(Se hiere).