Trabajos de amor perdidos
Trabajos de amor perdidos MOTH.—En ese caso estoy seguro de que sabréis cuánto valen un dos y un as.
ARMADO.—Dos más uno.
MOTH.—Lo que el bajo vulgo llama tres.
ARMADO.—Cierto.
MOTH.—¿Y para eso es menester estudiar tanto, señor? Porque ved aquà el número tres estudiado en menos tiempo del que emplearÃais en pestañear tres veces. Y en cuanto a añadir la palabra «años» al vocablo «tres», y estudiar tres años en dos palabras, el caballo danzante[7] os lo enseñarÃa.
ARMADO.—¡Es la más bella figura!
MOTH.—Para probar que sois un cero.
ARMADO.—Voy a confesarte que estoy enamorado; y, como es indigno en un soldado enamorarse, me he enamorado de una indigna doncella. Si desenvainando mi espada contra el capricho de una afección me librase del reprobado pensamiento de ella, harÃa cautivo al deseo y lo trocarÃa con cualquier cortesano francés por un saludo a la última moda. Estimo humillante el suspirar, y me parece que debiera renegar de Cupido. ¡Reconfórtame, muchacho! ¿Qué grandes hombres han estado enamorados?
MOTH.—Hércules, señor.
ARMADO.—¡GentilÃsimo Hércules! CÃtame más autoridades, querido muchacho; adúceme otros nombres; que sean varones de buena reputación y conducta.