Trabajos de amor perdidos
Trabajos de amor perdidos COSTARD.—No, nada, maese Moth; únicamente lo que vea. No conviene a los presos ser demasiado silenciosos en palabras y, por consiguiente, punto en boca. A Dios gracias, tengo tan poca paciencia como otro cualquiera, y, por tanto, puedo estar tranquilo. (Salen MOTH y COSTARD.)
ARMADO.—¡Adoro la tierra vil, cuando los zapatos de mi amada, más viles todavÃa, guiados por sus pies, más viles aún que la tierra y sus zapatos, la rozan suavemente! Si la amo seré perjuro, lo que es una gran prueba de falsedad. Y ¿cómo puede ser leal el amor, cuando sus orÃgenes son falsos? El amor es un espÃritu familiar; el amor es un demonio; no hay más ángel malo que el amor. No obstante, Sansón fue tentado, y gozaba de prodigiosa fuerza. Salomón fue también seducido, y disfrutaba de gran sabidurÃa. La flecha de Cupido es demasiado dura para la maza de Hércules, y por ello harto desigual para la espada de un español. La primera y segunda causa no me servirán en el trance[8]. No respeta el «passado[9]» ni atiende al «duelo». Su vergüenza es llamarse niño; mas su gloria, someter a los hombres. ¡Adiós, valor! ¡Enmohécete, espada! ¡No resuenes, tambor! ¡Vuestro amo está enamorado! ¡SÃ, él ama! InspÃreme de repente algún numen de la rima. Porque, no cabe, duda, me convertiré en fabricante de sonetos. ¡Crea, imaginación! ¡Escribe, pluma! ¡Voy a producir volúmenes enteros en folio! (Sale.)