Trabajos de amor perdidos
Trabajos de amor perdidos MOTH.—No, mi cumplido señor. Se trata simplemente de tararear una jiga con la punta de la lengua, bailar un canario[14] y animarlo con los ojos en alto. Suspiráis una nota y cantáis otra, unas veces con la garganta, como si engulleseis el amor al cantarle; otras veces con la nariz, como si aspirarais el amor al olfatearlo. HundÃs vuestro sombrero alicaÃdo sobre la tienda de vuestros ojos; os cruzáis de brazos sobre vuestro estómago encogido, como conejo en asador, o sumergÃs las manos en vuestras faltriqueras, como personaje de cuadro antiguo[15]. Y no guardéis mucho tiempo el mismo compás; sino una copla, y a otra. Ésos son los procedimientos, ésa es la sal, ésa es la manera de seducir a las muchachas bonitas, que sin eso también se dejarÃan seducir, y lo que hace a los hombres que se les distinga…, ¿me oÃs?…, cuando se les observa.
ARMADO.—¿Cómo has adquirido esa experiencia?
MOTH.—Con medio penique de observación.
ARMADO.—Mas ¡ay!… Mas ¡ay!…
MOTH.—(Cantando.)
Del caballo de palo ya nadie se acuerda…[16]
ARMADO.—¿Llamas a mi amada «caballo de palo»?
MOTH.—No, amo mÃo. El caballo de palo es solamente un potro, y vuestra amada quizá no pase de yegua. Pero ¿ya la habéis olvidado?
ARMADO.—Casi.