Trabajos de amor perdidos
Trabajos de amor perdidos MOTH.—¡Estudiante negligente! Aprendéosla de corazón.
ARMADO.—De corazón y por el corazón, muchacho.
MOTH.—Y a contra corazón, señor. Tres cosas que puedo demostrar.
ARMADO.—¿Qué puedes demostrar?
MOTH.—Que llegaré a ser un hombre, si vivo. Y esto con la ayuda del por, del en y del sin. Por corazón la amáis, pues vuestro corazón no puede alcanzarla. En el corazón la amáis, porque vuestro corazón está prendado de ella. Y sin el corazón la amáis, porque es para vos un descorazonamiento no poder conseguirla.
ARMADO.—Estoy en los tres casos.
MOTH.—(Aparte.) Y en muchos más que esos tres; pero, no obstante, como si no estuvierais en ninguno.
ARMADO.—Ve a buscar a ese pastor. Es preciso que me lleve una carta.
MOTH.—¡Un mensajero bien simpático! ¡Un caballo servir de embajador a un burro!
ARMADO.—¡Eh! ¡Eh! ¿Qué estás diciendo?
MOTH.—A fe, señor, que debierais enviar al burro a lomos del caballo, pues es de paso muy perezoso. Pero me voy.
ARMADO.—El camino no es largo. Muévete.
MOTH.—Tan ligero como el plomo, señor.
ARMADO.—¿Qué quieres decir, preciosa criatura? ¿No es el plomo un metal pesado, macizo y lento?