Trabajos de amor perdidos

Trabajos de amor perdidos

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HOLOFERNES.—¡Simplicidad dos veces enfatuada! Bis coctus![38] ¡Oh, monstruo de ignorancia, qué deforme pareces!

NATANIEL.—Señor, no ha gustado las delicadezas que se hallan en los libros. No ha comido papel ni bebido tinta, como si dijéramos. Su entendimiento no está abastecido. No es más que un animal sensible en sus partes groseras. Que tales plantas estériles se exponen a nuestras miradas, no sino para que nosotros, los hombres de gusto y sentimiento, nos mostremos agradecidos de poseer una fecundación de que ellas no gozan. Porque de la misma manera que a mí me sentaría mal el papel de imbécil, indiscreto o idiota, así también ese necio no pasaría de tal, aunque asistiese a la escuela para convertirse en sabio. Pero omne bene[39], digo yo, siguiendo la máxima de un padre de la Iglesia: «Muchos que pueden soportar la lluvia, no quieren el viento».

DULL.—Los dos sois unos sabios; pero con vuestro talento y todo, ¿podríais decirme quién tenía un mes cuando nació Caín, y ahora, sin embargo, no cuenta cinco semanas?

HOLOFERNES.—¡Dictina[40], mi bravo Dull; Dictina, mi bravo Dull!

DULL.—¿Qué es Dictina?

NATANIEL.—Uno de los nombres de Febé, la hija de Urano, la Luna.


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