Trabajos de amor perdidos
Trabajos de amor perdidos HOLOFERNES.—Saltáis el apóstrofo, y perdéis, por tanto, el acento. Permitidme revisar la cancioneta. Aquà está observada rigurosamente la cantidad silábica; pero en cuanto a la elegancia, la facilidad y la cadencia de oro de la poesÃa, caret. ¡Ovidio Nasón era el hombre! Y ¿por qué, a decir verdad, se llamaba Nasón, sino porque sabÃa aspirar las flores odorÃferas de la fantasÃa, los rasgos de la invención? Imitari no es nada. El perro imita a su amo, el mono a su guardián, el caballo enjaezado a su jinete. Pero, damisela virgen, ¿va esto dirigido a vos?
JAQUINETA.—SÃ, señor; por cierto monsieur Berowne, uno de los señores de la reina extranjera.
HOLOFERNES.—Examinemos el sobrescrito. «A la mano, blanca como la nieve, de la bellÃsima dama Rosalina». Veamos todavÃa el significado de la carta, para conocer la nominación de la parte escribiente a la persona escrita. «Señora, a las órdenes de Vuestra SeñorÃa en todo lo que tenga a bien prescribirme. Berowne». Sir Nataniel, este Berowne es uno de los que han hecho juramento con el rey; y aquà ha forjado esta carta para una del cortejo de la reina extranjera, carta que, por casualidad o por vÃa de adelanto, ha equivocado la dirección. Deslizaos y partid, querida. Entregad esta carta en las reales manos de Su Majestad. Puede concernirle en extremo. No te detengas en cumplidos. Te dispenso de ellos. Adiós.