Trabajos de amor perdidos
Trabajos de amor perdidos BEROWNE.—Permitidme contradeciros, mi soberano, si os place. He jurado únicamente estudiar con Vuestra Gracia y permanecer tres años en vuestra Corte.
LONGAVILLE.—Berowne, habéis jurado eso y lo demás.
BEROWNE.—Entonces, señor, sea como fuere, he jurado de broma. ¿Cuál es el objeto del estudio? Que lo sepa yo.
REY.—Conocer lo que, de otro modo, ignorarÃamos.
BEROWNE.—¿Os referÃs a las cosas ocultas y negadas al sentido común?
REY.—SÃ, que es la divina recompensa del estudio.
BEROWNE.—Veamos, pues. Juro estudiar para saber lo que se me impide que conozca. Por ejemplo, estudiar dónde puedo almorzar bien, cuando se me prohÃba expresamente el festejarme; estudiar dónde encontrar una dama bonita, cuando, a despecho del sentido común, se escondan ellas; o, habiendo hecho un juramento demasiado difÃcil de guardar, estudiar el modo de quebrantarlo sin quebrantar mi fe. Si el beneficio del estudio consiste en conocer asà lo que ignoramos, hacedme jurar, que nunca diré que no.
REY.—Citáis precisamente aquellas distracciones que se oponen al estudio y encadenan nuestro entendimiento a vanos deleites.
