Trabajos de amor perdidos
Trabajos de amor perdidos Otro lugar del parque. Frente al pabellón de la Princesa
Entran la PRINCESA, CATALINA, ROSALINA y MARÍA
PRINCESA.—Queridos corazones: vamos a ser ricas antes de partir, si continúan los regalos con tanta abundancia. ¡Ved una dama fortificada de diamantes! Mirad lo que me ha remitido el rey enamorado.
ROSALINA.—Señora, ¿es que no acompañaba nada a ese regalo?
PRINCESA.—¡Nada más que esto! ¡Ya lo creo! Cuanto amor en rimas puede contener una hoja de papel, escrita por ambos lados, con márgenes incluso, y todo lo que ha deseado firmar con el nombre de Cupido.

ROSALINA.—Era el medio de que creciera Su Deidad, después de haber permanecido cinco mil años hecho un niño.
CATALINA.—¡Sí, y también un astuto desventurado que merece la horca!
ROSALINA.—Nunca seréis amiga suya; dio muerte a vuestra hermana.
CATALINA.—La convirtió en melancólica, triste y apesarada, hasta que murió. De haber sido tan ligera como vos, de un humor tan alegre, vivo y revoltoso, no hubiera muerto sin ser abuela. Lo que os sucederá a vos, pues un corazón encendido vive mucho tiempo.
