Macbeth
Macbeth ¿Pues no ves
que tu señor le acompaña y él nos hiciera saber
tal honra si cierta fuese?
CRIADO:
Mi señor llega también:
su escudero, que delante venía a todo correr,
se presenta ijadeando[16] con tan faustas nuevas.
LADY MACBETH:
Vé,
y en mi nombre las albricias por el mensaje le den.
(Sale el CRIADO).
Roncos graznidos lanzarán los cuervos,
rey Duncan, a tu entrada en mi mansión.
¡Venid, venid a mí, genios protervos,
espíritus de muerte y destrucción!
Dotad de robustez viril mi mano;
al cuerpo afeminado fuerzas dad;
al corazón coraje sobrehumano;
y henchid mis venas de hórrida crueldad.
Mi sangre se condense y pensamientos
sin que los turbe débil compunción;
la femenil clemencia a mis intentos
no oponga su piedad ni compasión.
Deidades invisibles, ominosas,
que amáis humano llanto y padecer;
en vez de tibia leche, ponzoñosas