Macbeth
Macbeth a tu capricho amoldadas: libres ahora se presentan;
y te espantas a su vistas y solo al mirarlas tiemblas.
Yo he sido madre, Macbeth; yo he sentido la terneza
de una madre por el hijo que a sus pechos alimenta;
mas de haberlo así jurado, cuando la frente serena
del risueño amado infante mi regazo sostuviera;
cuando con mayor dulzura sus ojos resplandecieran
y al mirar los ojos mios su blando pecho latiera,
el pezón le arrancaría entonce a la boca tierna;
entonces estrellaría su frente contra una piedra.
MACBETH:
Si se malogra el designio…
LADY MACBETH:
No es posible, no: concentra
y remacha y atornilla tu valor y le sujeta
en el punto decisivo. Cuando nuestro huésped duerma
(y no tardará el momento ya de que el sueño le venza)
el vino y la intemperancia también a sus centinelas