Macbeth
Macbeth Es la hora en que muerta sobre medio mundo
parece natura vasto panteón;
siniestros ensueños de terror profundo
el dormir asedian e infausta ilusión.
A Hécate holocaustos rinden a esta hora
las impuras magas con lúgubre voz;
y adusta y marchita se levanta ahora
del asesinato la imagen atroz.
Y al aullar del lobo, cual espectro leve,
clandestino paso comienza a mover;
y en torno a su presa furtiva se mueve
la sangre buscando que anhela verter.
Tú, tierra, asentada en firmes cimientos,
no sientas la huella de mi triste andar;
ni oigas de mis pasos ecos macilentos
que tus piedras luego puedan imitar.
En silencio escucha el horror presente
propio de la hora en que se abortó…
Mientras yo amenazo él vive y no siente;
el hálito es frio que al pecho quedó.
Frio es el aliento que vanas razones
lanzan en el rostro del activo obrar.
(Suena una campana).
La campana… acudo. No sus vibraciones,
Soñoliento Duncan, quieras escuchar.
Por ti dobla fúnebre el férreo badajo;
el infierno se abre o el cielo por ti.