Macbeth
Macbeth rezaron sus preces y en el blando olvido
de profundo sueño vuelven a quedar.
LADY MACBETH:
En la misma estancia entrambos dormían…
MACBETH:
«Dios nos de su gracia» con mustio clamor
el uno en sus sueños; y ambos respondían
«amen» cual si vieran hierro matador
en estas mis manos de verdugo fiero
amagar sus vidas, su ensueño amagar;
ni mi labio pudo al son lastimero
responder piadoso ni «amén» pronunciar.
LADY MACBETH:
Mi señor, no pienses con angustia tanta.
MACBETH:
¿Y por qué no pude «así sea» decir?
Orar yo quisiera, más de mi garganta
el santo vocablo no pudo salir.
LADY MACBETH:
Examen no sufren actos tan violentos;
o en él sucumbiera la débil razón.
MACBETH:
Yo pensé que oía fúnebres acentos
diciendo «¡despierta! ¡despierta! ¡traición!
Macbeth asesina al sueño inocente;
al sueño que trenza con piadoso afán,
las hebras confusas que en la humana mente