Macbeth
Macbeth de Macbeth invencible (y este nombre
ganó con sus hazañas) paso inmenso
abrió en el seno de la adversa hueste;
y humeando en sangre el pavoroso hierro,
intrépido Macbeth e infatigable,
no cesó de lidiar hasta que al cuello
del esclavo alcanzó su ardiente espada
y la cabeza derribó del cuerpo.
Ya en nuestros muros enclavada queda.
DUNCAN:
¡Oh ilustre capitan! ¡oh noble deudo!
SOLDADO:
A la manera que engendrarse suelen
tempestad borrascosa y hondo trueno
en el cielo oriental do nace el día,
así suele fluir del cauce mismo
de donde brota el bien mal infinito.
Escucha, rey de Escocia: aun no hubieron
los veloces kernesses confiado
su salud a la fuga; aun incompleto
quedaba el alto triunfo que vestida
de espléndido valor y de ardimiento
alcanzó la justicia, cuando empieza
el señor de Noruega más horrendo
y más fiero combate al campo baja
con peones sin fin y ballesteros.
Y acicaladas armas y caballos
