Macbeth
Macbeth Cuanto mal la traición hacerle pudo
ya consumado está ni aleve[40] daga,
ni ponzoña o revueltas interiores
o guerras extranjeras, de su calma
romper el curso pueden.
LADY MACBETH:
Señor mio,
suavizad vuestras ásperas miradas;
mostraos en el festín jovial y afable
a las turbas de nobles que os aguardan.
MACBETH:
Así lo haré, señora, y te suplico
que en el banquete así también lo hagas.
A Banquo recordemos con frecuencia.
Tus ojos y tu lengua las más altas
lisonjas le prodiguen. Inseguros
estamos ¡oh mujer! cuando en las aguas
de la mentira nuestro honor manchado
nos es fuerza lavar. ¡Cuánta constancia
para trocar cada hora voz y rostro
en visera del alma atribulada
porque así sus facciones no se vean!
LADY MACBETH:
No desgarréis, señor, las hondas llagas
del corazón doliente.
MACBETH:
Amiga, esposa,