Cuentos goticos
Cuentos goticos —No entiendo esto —dijo el anciano—. ¿Con qué argumento, a menos que traigáis uno del otro mundo, esperáis inducir a Messer Guielmo a ayudar a Corradino? Es un enemigo tan enconado de Manfredo que, aunque el prÃncipe esté muerto, cada vez que se menciona su nombre coge el aire como si se tratara de una daga. Con horribles imprecaciones le he oÃdo maldecir a toda la casa de Suabia.
Un temblor sacudió el cuerpo de Ricciardo, pero contestó:
—En el pasado, Lostendardo fue el más firme baluarte de esa casa, y amigo de Manfredo. Extrañas circunstancias dieron nacimiento en su mente a un odio antinatural, y se convirtió en un traidor. Pero quizás ahora que Manfredo se encuentra en el ParaÃso, la juventud, las virtudes y la inexperiencia de Corradino puedan inspirarle sentimientos más generosos y volver a despertar su vieja fe. Al menos, he de intentar esta última prueba. Esta causa es demasiado santa, demasiado sagrada para admitir formas comunes de raciocinio o acción. El sobrino de Manfredo debe ocupar el trono de sus antepasados, y para conseguirlo soportaré lo que sea necesario.
Entraron en el Palacio del Gobierno. Messer Guielmo se hallaba de fiesta en el gran salón.
—Llévale este anillo, buen Cincolo, y dile que estoy esperando. No te demores, y que mi valor y mi vida no me abandonen en el momento de la prueba.