Cuentos goticos
Cuentos goticos Abrió la puerta; la anciana dama se hallaba dormida en la silla, pero despertó al entrar él. Sólo había dormido para refrescar su curiosidad, y le formuló mil preguntas seguidas, a las que Cincolo no contestó. Se quedó de pie con los brazos cruzados mirando el fuego, dudando cómo sacar el tema de su partida. Monna Gegia siguió hablando:
—Después de irte, mantuvimos una discusión sobre ese jovencito de cabeza caliente que vino esta mañana; yo, Buzeccha, Beppe de’ Bosticchi, que volvió, y Monna Lisa del Mercato Nuovo. Todos acordamos que debía de tratarse de una de dos personas, y sin importar quién fuera, si no había salido de Florencia, la Stinchi[*] iba a ser su nueva morada a la salida del sol. ¡Eh! ¡Cincolo, hombre! No dices nada. ¿Dónde te separaste de tu príncipe?
—¡Príncipe! Gegia, ¿estás loca? ¿Qué príncipe?