Cuentos goticos
Cuentos goticos —Se trata de un prÃncipe o de un panadero. O bien el mismo Corradino, o Ricciardo, el hijo de Messer Tommaso de’ Manelli, aquel que vivÃa al otro lado del Arno y horneaba pan para todo Sesto cuando el conde Guido de’ Giudi era Vicario. Por ello ese Messer Tommaso fue a Milán con Ubaldo de’ Gargalandi, y Ricciardo, que acompañó a su padre, ahora debe rondar los dieciséis años. TenÃa fama de amasar con tanta ligereza como su padre, aunque prefirió seguir las armas con los Gargalandi. Cuentan que era un joven hermoso; y asÃ, para decir la verdad, lo era nuestro joven de la mañana. Pero Monna Lisa estaba convencida de que debÃa de tratarse del mismo Corradino…
Cincolo escuchó como si la cháchara de dos mujeres viejas pudiera desentrañar su enigma. Incluso comenzó a dudar de si su última conjetura, extravagante como era, no habÃa dado con la verdad. Todas las circunstancias rechazaban semejante idea, pero pensó en la juventud y extraordinaria belleza del extraño y comenzó a sentir dudas. No habÃa nadie entre los Elisei que respondiera a su apariencia. La flor de su juventud habÃa caÃdo en el Monte Aperto; los mayores de la nueva generación apenas tenÃan diez años; los demás varones de aquella casa se hallaban en la edad madura. Gegia siguió hablando de la furia que Beppe de’ Bosticchi mostró al ser acusado del asesinato de Arrigo dei Elisei.