Cuentos goticos
Cuentos goticos —No volverás nunca —gritó la anciana—. Si pones pie en la traidora Pisa, la Comuna jamás te permitirá atravesar las puertas de esta ciudad de nuevo. Pero no te irás, despertaré a los vecinos, te declararé loco…
—¡Basta, Gegia! Aquà está todo el dinero que tengo. Antes de irme, te enviaré a la prima Nunziata para que te acompañe. Debo irme. No es la causa Gibelina, o Corradino, lo que me impulsa a arriesgar tu tranquilidad y comodidad, sino que la vida de uno de los Elisei está en juego; y si tengo la oportunidad de salvarle, ¿harás que me quede aquà y que luego te maldiga a ti y a la hora en que vine al mundo?
—¡Qué! ¿Era él…? No, no hay nadie entre los Elisei que sea tan joven, y nadie tan hermoso, salvo aquella que estos brazos mecieron de bebé pero es una mujer. No, no; es una historia que te has inventado para engañarme y obtener mi consentimiento. Pero nunca lo tendrás. ¡No lo olvides! Nunca lo tendrás. Y profetizo que si te vas, tu viaje será la muerte de los dos.
Lloró con amargura. Cincolo besó su mejilla arrugada y mezcló sus lágrimas con las de ella. Luego, encomendándola al cuidado de la Virgen y los santos, la dejó, mientras el dolor ahogaba las palabras de la mujer y el nombre de los Elisei la privaba de toda energÃa para oponerse a su propósito.