Cuentos goticos
Cuentos goticos —Alguien que trae una carta de Madonna Despina dei Elisei aguarda a Vuestra Alteza.
El anciano se adelantó, descontrolado y sin el respeto que, de otra manera, habrÃa sentido por alguien de linaje tan alto como Corradino.
—¡De Despina! ¿Habéis dicho Despina? ¡Oh, desmentidlo! Que no sea de mi amada y perdida hija adoptiva.
Las lágrimas cayeron por sus mejillas. Corradino, un joven de fascinante gentileza, pero, tal como dijera Despina, joven incluso hasta el infantilismo, intentó tranquilizarlo.
—¡Oh, mi gracioso Señor! —gritó Cincolo—. Abrid el paquete y ved si procede de mi bendita niña… si bajo el disfraz de Ricciardo la conduje a su destrucción…
Se retorció las manos. Corradino, pálido como la muerte por el miedo que sentÃa por el destino de su adorable amiga y compañera de aventuras, rompió el sello. El paquete contenÃa un sobre sin ninguna dirección, cuya carta leyó mientras el horror convulsionaba sus facciones. Se la pasó a Gherardo.
—En verdad que es de ella. Dice que el portador puede relatar todo lo que el mundo, probablemente, llegará a saber de su destino. Y tú, anciano, que lloras con tanta amargura, tú, a quien mi mejor amiga te manda a mÃ, cuéntame lo que sabes de ella.