Cuentos goticos
Cuentos goticos Cincolo relató su historia con voz quebrada.
—¡Que estos ojos no vuelvan a ver jamás! —gritó una vez concluida su historia—. Estos ojos que no reconocieron a Despina en sus suaves facciones y angelicales sonrisas. ¡Viejo senil que soy! Cuando mi esposa vituperó a vuestra familia y a vuestra principesca persona, y al Santo Manfredo, ¿por qué no supe leer su secreto en su paciencia? Ella no le habrÃa perdonado esas palabras a nadie salvo a aquella que la amamantó de pequeña y fue una madre para ella cuando Madonna Pia murió. Y cuando culpó a Bosticchi de la muerte de su padre, yo ciego y necio, no vi el espÃritu de los Elisei en sus ojos. Milord, sólo quiero pediros un favor. Dejadme escuchar su carta para que pueda juzgar qué esperanzas quedan… mas temo que no quede ninguna, ninguna.
—Leedle la carta, mi querido conde —dijo el prÃncipe—. Yo no temeré lo que él teme. No me atrevo a temer que alguien tan adorable y encantadora sea sacrificada por mi inútil causa.
Gherardo leyó la carta.