Cuentos goticos
Cuentos goticos —¡Mi amada madre, qué profundo dolor te causarán las noticias que pronto recibirás!
Miró a la multitud viva que le rodeaba y vio que los partidarios de duro semblante del usurpador lloraban. Escuchó los sollozos de sus súbditos oprimidos y subyugados, y se quitó el guante de la mano y lo arrojó entre la muchedumbre, en señal de que todavÃa consideraba buena su causa, y presentó su cabeza al hacha.
Durante muchos años después de esos acontecimientos, Lostendardo gozó de riqueza, rango y honores. Un buen dÃa, en la cima de la gloria y la prosperidad, se apartó del mundo y tomó los votos de una severa orden en un convento situado en una de las desoladas e inhóspitas planicies de Calabria, próxima al mar. Después de alcanzar el carácter de un santo a través de una vida de tortura infligida por él mismo, murió murmurando los nombres de Corradino, Manfredo y Despina.