Cuentos goticos
Cuentos goticos ¡Génova! Mi lugar de nacimiento… ¡Ciudad orgullosa que da a las azules aguas del Mediterráneo! ¿Me recuerdas en mi infancia, cuando los riscos y promontorios, tu brillante cielo y alegres viñedos eran mi mundo? ¡Felices tiempos! Cuando para el corazón joven el universo de estrechos límites deja, por su propia limitación, un sendero libre a la imaginación, encadena nuestras energías físicas y es el único periodo en nuestras vidas en que la inocencia y el gozo están unidos. No obstante, ¿quién puede mirar atrás, a la infancia, y no recordar sus dolores e inquietantes temores? Yo nací con el espíritu más arrogante, altivo e indomable con que jamás se viera dotado un mortal. Sólo ante mi padre me arredraba, y él, generoso y noble, pero caprichoso y tiránico, al mismo tiempo fomentaba y refrenaba esa salvaje impetuosidad de mi carácter, haciendo necesaria la obediencia, pero sin inspirar respeto por los motivos que guiaban sus órdenes. Ser un hombre, libre e independiente, o, en mejores palabras, insolente y dominante, era la esperanza y anhelo de mi rebelde corazón.