Cuentos goticos
Cuentos goticos Qué abyecto debà haber sido para envenenar con semejantes sofismas el santuario del pensamiento sagrado y el tierno amor. Asustada, Juliet se apartó de mÃ. Su padre era el mejor y más amable de los hombres, y se esforzó en mostrarme cómo nos verÃamos llenos de bienes si le obedecÃa. Él recibirÃa mi tardÃa sumisión con cálido afecto, y mi arrepentimiento obtendrÃa un generoso perdón. Infructuosas palabras empleadas por una joven y gentil hija con un hombre acostumbrado a hacer su voluntad e imponer su ley… ¡y que sentÃa en su propio corazón un déspota tan terrible y decidido que a nadie podÃa entregar obediencia salvo a sus deseos irrefrenables! Mi resentimiento creció con la resistencia, y mis impetuosos compañeros estaban dispuestos a añadirle combustible a las llamas. Trazamos un plan para secuestrar a Juliet. Al principio pareció estar coronado por el éxito. A mitad de la empresa, a nuestro regreso, fuimos sorprendidos por el agonizante padre y sus criados. Surgió el conflicto. Antes de que llegara la guardia de la ciudad para decidir la victoria a favor de nuestros antagonistas, dos de los sirvientes de Torella fueron heridos de gravedad.