Cuentos goticos
Cuentos goticos No volví a visitar la playa ni a buscar el tesoro del demonio. Sin embargo, mientras medito en el pasado, a menudo pienso, y mi confesor no se mostró reticente en apoyar la idea, que bien podría haber sido un espíritu benévolo, en vez de uno maligno, enviado por mi ángel de la guarda con el fin de mostrarme la insensatez y la desgracia del orgullo. Al menos, aprendí tan bien esta lección que con tanta dureza se me enseñó que ahora mis amigos y conciudadanos me conocen por el nombre de Guido il Cortese.