Cuentos goticos
Cuentos goticos —Por San Denis que es una buena respuesta para la ocasión —dijo el rey, riendo—. ¡Adelante, mi fiel sirviente, Apolo disfrazado, adelante y agradécele a tu dama su amor!
Con un disfraz que le habÃa ocultado a todos, el caballero se habÃa quedado atrás, observando con infinita sorpresa el semblante y comportamiento tranquilos de la dama. No pudo captar sus palabras, pero ¿era la misma a quien habÃa visto llorar y temblar la noche pasada, cuyo corazón se hallaba desgarrado por una pasión encontrada, quien veÃa los pálidos fantasmas de su padre y familia alzarse entre ella y el amado a quien adoraba más que a su vida? Era un acertijo difÃcil de resolver. La llamada del rey se unió a su propia impaciencia y no se demoró en acudir. Se plantó a los pies de ella, y Constance, aún dominada por la pasión, abrumada por la misma tranquilidad que habÃa adoptado, lanzó un grito al reconocerle y cayó inconsciente al suelo.
Todo esto resultó de lo más ininteligible. Incluso cuando sus criados la hicieron recuperar el sentido, sufrió otro ataque, y, luego, un apasionado torrente de lágrimas. Mientras, el monarca, que aguardaba en la sala observando la colación apenas tocada y tarareando un verso en conmemoración a la indocilidad de las mujeres, no supo cómo replicar a la mirada de amarga decepción y ansiedad de Vaudemont. Finalmente, la doncella de la condesa fue a ofrecerle disculpas: