Cuentos goticos
Cuentos goticos Había llegado a los dieciocho años. El tratamiento que había tolerado y el constante ejercicio de fortaleza y resolución ya le habían proporcionado el aspecto de un hombre. Era alto, bien proporcionado y atlético. Su persona y comportamiento eran más enérgicos que gráciles, y sus modales distantes y reservados. Pocos logros había alcanzado, ya que su padre no se había esforzado en su educación. El catálogo de habilidades estaba formado por las proezas en la monta de caballos y en el manejo de las armas. Odiaba los libros, pues representaban parte de la insignia de un sacerdote, y sentía rechazo a toda ocupación que implicara reposo corporal. Su tez era oscura… las penurias incluso le habían dado un tono cetrino; sus ojos, una vez suaves, ahora centelleaban con fiereza; sus labios, formados para expresar ternura, por lo general exhibían una mueca de desprecio; su cabello oscuro, que se arracimaba en rizos densos alrededor del cuello, completaba la salvaje pero noble e interesante apariencia de su persona.