Cuentos goticos
Cuentos goticos Era primavera; el aire era templado y avivaba el espíritu. Los capullos blancos de los almendros y los rosados de los melocotoneros empezaban a contrastar con las hojas verdes que crecían entre ellos. Ludovico apenas sintió los estimulantes efectos de la primavera. Herido en el centro de su corazón, le preguntaba a la naturaleza por qué dibujaba el sepulcro, y le preguntaba a los vientos por qué abanicaban a los pesarosos y a los muertos. Vagó en busca de soledad. Bajó por el sendero que conducía hasta el mar y se sentó en la playa a observar el monótono flujo de las olas; éstas bailaban y centelleaban; sus lóbregos pensamientos se negaron a recibir gozo de las aguas o del sol.