Cuentos goticos
Cuentos goticos El joven la visitó al día siguiente. Cabalgó sendero arriba, ahora cubierto por la hierba y el olor de las violetas, que Viola recogía a los lados del camino. Ella le regaló el ramillete de flores, y entraron juntos en la cabaña. Se veía desmantelada y miserable. Unas pocas flores colocadas en un jarrón roto ejemplificaban a la pobre Viola en persona: un hermoso capullo en medio de la más absoluta pobreza. El rosal que proyectaba su sombra en la ventana sólo podía expresar que la dulce Italia, incluso en el corazón de la desgracia, regala su riqueza natural para adornar a sus hijos.