Cuentos goticos

Cuentos goticos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Ludovico le pidió a Viola que se sentara en un banco junto a la ventana, y él se situó frente a ella, con las flores en la mano, escuchando. Ella no habló de su pobreza, y sería difícil contar qué se dijo. Parecía feliz y sonreía, hablando con una voz alegre que suavizó el corazón de su amigo, haciendo que casi llorara de pena y admiración. Después de esto, día tras día Ludovico visitó la cabaña y pasó todo su tiempo con Viola. Iba y conversaba con ella, recogía violetas con ella, la consolaba y le daba consejos… y fue feliz. La idea de que le fuera útil a un ser humano llenó su corazón de gozo; y, sin embargo, era del todo inconsciente de lo necesario que era él para la felicidad de su protegida. Junto a ella se sentía feliz, le regocijaba regalarle cosas y ver su alegría, pero no pensó en el amor, y su mente, dormida a la pasión, reposaba de su largo dolor sin pensar en el futuro. No sucedía lo mismo con la joven campesina. No podía ver sus ojos invadidos por la gentileza, su boca iluminada por la tierna sonrisa, o escuchar su voz cuando le pedía que confiara en él, que sería padre, hermano, todo para ella, sin amarle profunda y apasionadamente. Se convirtió en el sol de su día, en el aliento de su vida… en su esperanza, gozo y única posesión. Anhelaba su llegada, le observaba al partir, y durante mucho tiempo fue feliz. No se apenaba de que devolviera su apasionado amor solo con sosegado afecto —ella era una campesina, él un noble—, y no podía reclamar ni esperar más. Él era un dios, y ella podía adorarle; y era blasfemia esperar algo más que una benigna aceptación para su adoración.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker