Cuentos goticos
Cuentos goticos —Será difÃcil reconciliar estos intereses discordantes, ¡y un momento de descuido nos puede hacer perder nuestro puesto, nuestra fortuna, todo! Tus intereses se encuentran en mis manos. Seré cuidadoso con ellos. ConfÃo, antes de que pasen unos pocos meses, en que el futuro prÃncipe de Mondolfo sea recibido en la corte de Nápoles con el debido honor y respeto. Pero habrás de dejármelo a mÃ. No debes intervenir en el asunto. Tienes que prometerme que no mencionarás a nadie tu matrimonio, o reconocerlo si se te exige, hasta que yo lo autorice.
—Te prometo —fue la respuesta de Ludovico después de titubear un momento— que por el espacio de seis meses no mencionaré a nadie mi matrimonio. No seré culpable de falsedad, pero durante ese tiempo no lo afirmaré ni lo sacaré a colación de ningún modo que te irrite.
Fernando guardó silencio una vez más, pero la prudencia venció, y no siguió discutiendo el asunto. Habló de otros temas con su hijo; cenaron juntos, y la mente de Ludovico, ahora entregada al afecto, recibió todas las señales del amor de su padre, que empezaba a despertar con gratitud y júbilo. Su padre pensaba que lo tenÃa en sus manos, y estaba dispuesto a endulzar la amargura de su determinado plan con la amabilidad.