Cuentos goticos
Cuentos goticos Pasó una semana. Fernando y Ludovico cabalgaban juntos, cuando el prÃncipe dijo:
—Mañana temprano, hijo mÃo, debes ir a Nápoles. Es hora de que te presentes allà como mi heredero y el mejor representante de una casa solitaria. Cuanto más pronto lo hagas, antes llegará el periodo que sin duda anhelas, en que la desconocida princesa de Mondolfo sea reconocida por todos. Yo no puedo acompañarte. De hecho, circunstancias que quizá adivines me hacen desear que al principio aparezcas sin mÃ. Serás distinguido por tu soberano, cortejado por todos, y recordarás tu promesa como el mejor modo de conseguir tu objetivo. En pocos dÃas me reuniré allà contigo.