Cuentos goticos
Cuentos goticos —Nuestros gobernantes —responde su salvador—, si se refiere a nuestro ministro, se encuentran demasiado vivos para la turbación temporal. —(Pedimos el perdón del doctor Hotham si le ofendemos convirtiéndole en un Tory; tal cualidad corresponde a nuestro entendimiento puro y anticipado de un doctor, y tal es el único conocimiento que poseemos de este caballero)—. SerÃa deseable que se mostraran más firmes… ¡el rey, Dios le bendiga!
—¡Señor! —exclama el señor Dodsworth.
El doctor Hotham continúa, sin darse cuenta del excesivo asombro exhibido por su paciente.
—El rey, Dios le bendiga, dedica sumas inmensas de su dinero personal para la ayuda de sus súbditos, y su ejemplo ha sido imitado por toda la aristocracia y clase alta de Inglaterra.
—¡El rey! —exclama el señor Dodsworth.
—SÃ, señor —responde con énfasis su salvador—, el rey, y me siento feliz de decir que los prejuicios que tan desgraciada e inmerecidamente poseÃan los ingleses con respecto a Su Majestad ahora han sido transformados, con la excepción de unos despreciables ejemplos —con añadida severidad—, en un amor respetuoso y la reverencia que merecen sus talentos, virtudes y amor paternal.