Cuentos goticos
Cuentos goticos Pero no deseamos ser patéticos. Seguro que desde los dÃas de los patriarcas ningún amante ha lamentado la muerte de su hermosa dama tantos años después de que ésta haya acontecido. La necesidad, tirana del mundo, en cierto sentido reconcilia al señor Dodsworth con su destino. Al principio se convence de que la generación posterior del hombre se encuentra muy deteriorada respecto a sus contemporáneos; no es ni tan alta, ni tan hermosa ni tan inteligente. Luego, poco a poco, comienza a dudar de su primera impresión. Las ideas que se habÃan apoderado de su mente antes del accidente, y que habÃan permanecido congeladas tanto tiempo, empiezan a descongelarse y a disolverse, dejando espacio a otras. Se viste al estilo moderno, y no pone mucha objeción a nada salvo el cuello de camisa y el sombrero duro. Admira la textura de sus zapatos y calcetines, y mira con admiración el pequeño reloj de Ginebra, que a menudo consulta, como si aún no estuviera seguro de que el tiempo habÃa avanzado a su manera habitual, y como si en su esfera debiera encontrar una demostración ocular de que habÃa cambiado su treinta y siete cumpleaños por su doscientos y más, y habÃa dejado el 1654 d.C. detrás para encontrarse de repente como un observador de los modos del hombre en este iluminado siglo XIX. Su curiosidad es insaciable; cuando lee, sus ojos no son capaces de transmitir con rapidez a su mente, y muy a menudo se detiene en un pasaje inexplicable, en algún descubrimiento y conocimiento familiares a nosotros, pero ni siquiera soñados en su época, que le dejan maravillado y meditabundo. Ciertamente, se puede suponer que pasa gran parte de su tiempo en ese estado, interrumpiéndose de vez en cuando para cantar una canción monárquica en contra del viejo Noli y los Cabezas Redondas, interrumpiéndose de pronto y mirando a su alrededor con temor para ver quién le está escuchando y, al contemplar la apariencia moderna de su amigo, el doctor, suspira y piensa que ya a nadie le importa si canta una canción de caballeros o un salmo puritano.