Cuentos goticos
Cuentos goticos Fue una tarea interminable desarrollar todas las ideas filosóficas que, naturalmente, dio a luz la resurrección del señor Dodsworth. Mucho nos gustaría conversar con este caballero, y aún más observar el progreso de su mente y el cambio de sus ideas en una situación tan nueva. Si fuera un joven vivaz, propenso a las exhibiciones del mundo y ajeno a las metas humanas más elevadas, puede proceder de manera sumaria para continuar el camino de su antigua vida, deseando sumirse de inmediato en la corriente de humanidad que fluye ahora. Sería bastante curioso observar los errores que cometería y la mezcolanza de costumbres que ello produciría. Puede pensar en entrar en la vida activa, convertirse en Whig o Tory, según sea su inclinación, y conseguir un asiento en la —incluso para él— una vez llamada capilla de St Stephens. Puede contentarse con convertirse en un filósofo contemplativo y hallar suficiente alimento para su mente en el seguimiento de la marcha del intelecto humano, los cambios que se han labrado en las disposiciones, deseos y capacidades de la humanidad. ¿Será un defensor de la perfección o del deterioro alcanzados? Debe admirar nuestras creaciones, el avance de la ciencia, la difusión del conocimiento y el espíritu vigoroso de empresa característico de nuestros compatriotas. ¿Hallará a algún individuo que pueda compararse con los espíritus gloriosos de su época? Moderado en sus puntos de vista, como le hemos supuesto ser, con toda probabilidad en el acto adoptará ese tono mental temporizador tan de moda ahora. Se sentirá complacido de hallar tranquilidad en la política; admirará mucho el ministerio que ha tenido éxito en reconciliar a casi todos los partidos… en encontrar paz allí donde él dejara enemistad. El mismo carácter que tenía hace doscientos años influirá en él ahora; seguirá siendo el mismo señor Dodsworth moderado, pacífico y no entusiasta que fuera en 1647.