Cuentos goticos

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Entonces el conde contestó a sus temerosas preguntas mostrando un corte que se había infligido en la mano izquierda. Primero insistió en guardar su premio, y luego permitió que ella le vendara la herida cosa que hizo con una mezcla de risa y pesar con una cinta que llevaba en su propio brazo.

—Y ahora, adiós —exclamó—, he de cabalgar treinta kilómetros antes de que amanezca, y la posición de la Osa Mayor indica ya que es más de medianoche.

Su descenso fue difícil, pero lo consiguió sin ninguna dificultad, y la melodía de una canción, procedente del valle, cuyos suaves sonidos se elevaron como el humo del incienso de un altar, aseguró a los impacientes oídos de Adalinda que su amado estaba a salvo.

Como siempre es el caso cuando una narración se obtiene de testigos presenciales, jamás pude averiguar la fecha exacta de estos eventos. Sin embargo, sucedieron mientras Murat fue rey de Nápoles. Cuando reunió a sus regimientos italianos, el conde Eboli, como antes se ha mencionado, se convirtió en un oficial subalterno en ellos, sirviendo con gran distinción. Aunque me es imposible nombrar el país o la batalla en la que desempeñó un papel tan relevante, sí puedo mencionar que fue ascendido.


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