Cuentos goticos
Cuentos goticos Requiere una gran imaginación y la experiencia de mucha desgracia entrar de lleno en los sentimientos de Ferdinando. Desde un alto rango, gloria, esperanza y amor fue arrojado a la absoluta mendicidad y miseria. Las insultantes palabras de su rival victorioso y las degradantes amenazas de su hasta hace poco gracioso soberano repicaron en sus oídos, y cada nervio de su cuerpo se retorció de agonía. Pero, afortunadamente para la resistencia de la vida humana, la peor gracia en la juventud a menudo sólo es un sueño doloroso que destierra cuando el sueño abandona nuestros ojos. Después de una lucha con la angustia intolerable, la esperanza y el valor renacieron en su corazón. Con rapidez tomó una decisión. Regresaría a Nápoles, le contaría la historia al marques Spina, y por medio de sus influencia al menos obtendría una vista imparcial del rey. No obstante, no resultaba una tarea sencilla en su peculiar situación llevar tal decisión a efecto. Se hallaba sin una moneda, sus ropas indicaban pobreza, carecía de amigos o familiares cercanos, salvo aquellos que verían en él al más desvergonzado de los timadores. Pero su valor no le abandonó. La amable tierra italiana en la estación otoñal se aproximaba, llena de castaños, bayas y vides. Tomó el camino más directo por las colinas, evitando los pueblos y toda morada; viajó principalmente durante la noche, cuando, salvo en las ciudades, los oficiales del gobierno se habían retirado de sus puestos. Cómo consiguió ir de un extremo de Italia al otro es difícil de decir; pero es cierto que, después del intervalo de unas pocas semanas, se presentó en la Villa Spina.