Cuentos goticos
Cuentos goticos Durante la entrevista se mostró cauta y firme, al tiempo que el instintivo poder de la inocencia sobre la culpabilidad le confirió majestad a su porte. Por un momento, el hacedor de sus males se amilanó bajo su mirada. Al principio se negó a reconocer que no era la persona que pretendía ser, pero la energía y elocuencia de la verdad abatieron su engaño, por lo que, arrinconado al final, se revolvió: un ciervo acorralado. En ese momento se sintió acobardada, ya que la superior fuerza del hombre le concedía el dominio. El hombre declaró la verdad: era el hermano mayor de Ferdinando, hijo natural del viejo conde Eboli. Su madre, que había sido humillada, jamás le perdonó, y educó a su hijo con un odio mortal hacia su padre, y la creencia de que las ventajas de las que disfrutaba su hermano más afortunado le pertenecían a él por derecho propio. Su educación fue tosca, pero poseía los sutiles talentos de un italiano, la rapidez de percepción y sus artes taimadas.
—Os haría empalidecer —le dijo a su temblorosa oyente— si pudiera describiros todo lo que he pasado para conseguir mi objetivo. No confié en nadie… todo lo ejecuté yo. Fue un glorioso triunfo debido a mi perseverancia y fortaleza, cuando mi hermano usurpador y yo estuvimos ante nuestro soberano, conseguí que él fuera el proscrito degradado y yo el noble.