Cuentos goticos
Cuentos goticos Cincolo miró a Ricciardo, como si temiera que un partidario tan vehemente de la casa de Suabia se irritase ante el ataque de su esposa. Pero éste miró a la anciana con una expresión de benigna serenidad; ni siquiera se mezclaba el desdén en la gentil sonrisa que jugueteaba en la comisura de sus labios.
—Me contendré —dijo.