Cuentos goticos
Cuentos goticos Volviéndose hacia Cincolo, se puso a conversar de temas más generales, describiendo las diversas ciudades de Italia que habÃa visitado, sus formas de gobierno y relatando anécdotas sobre sus habitantes con un aire de experiencia que, contrastado con su aspecto juvenil, impresionó mucho a Cincolo, que le contempló al mismo tiempo con admiración y respeto. Llegó la noche. El sonido de las campanas murió cuando cesó el Ave MarÃa, pero el lejano sonido de algunos instrumentos fue transportado hasta ellos por la brisa nocturna, y su rápido ritmo indicó que la música ya habÃa comenzado. Ricciardo iba a dirigirse a Cincolo cuando un golpe a la puerta le interrumpió. Era Buzeccha, el Sarraceno, un famoso jugador de ajedrez que estaba acostumbrado a desfilar bajo las columnatas del Duomo y desafiar a los jóvenes nobles a una partida. A veces eran juegos fuertes, cuyas ganancias y pérdidas se convertÃan en la charla de toda Florencia. Buzeccha era un hombre alto y feo, con esos modales naturales que son consecuencia de la fama que habÃa adquirido en su ciencia y la familiaridad con que le permitÃan tratar a aquellos superiores a él en rango social, complacidos en medir sus fuerzas con las de él.
—¡Eh, Messere! —habÃa comenzado, cuando, al ver a Ricciardo, preguntó—: ¿A quién tenemos aquÃ?
—A un amigo de buenos hombres —repuso Ricciardo, sonriendo.