Cuentos goticos
Cuentos goticos —Entonces, por Mahoma, sois mi amigo, muchacho.
—Por tu modo de hablar debes ser sarraceno —comentó Ricciardo.
—Gracias a la ayuda del Profeta por cierto que lo soy. Un sarraceno que en tiempos de Manfredo… basta de eso. No hablaremos de Manfredo, ¿eh, Monna Gegia? Soy Buzeccha, el ajedrecista, a vuestro servicio, Messier lo Forestiere.
Hecha la presentación, comenzaron a hablar de la procesión del dÃa. Después de un rato, Buzeccha introdujo su tema favorito: el ajedrez. Recordó algunas movidas maravillosamente buenas que habÃa conseguido y le contó a Ricciardo cómo antes del Palagio del Popolo, en presencia del conde Guido Novello de’ Giudi, entonces Vicare de la ciudad, habÃa jugado una hora ante tres tableros con tres de los mejores ajedrecistas de Florencia, jugando dos de memoria y uno por la vista; y de las tres partidas habÃa ganado dos. Esta narración concluyó con la propuesta de jugar con su anfitrión.
—Eres un hombre duro, Cincolo, mejor jugador que los nobles. JurarÃa que consideras el ajedrez sólo cuando remiendas tus zapatos. Cada agujero de tu punzón es un cuadrado del tablero, cada puntada una movida, y un par terminado, ya pagado, un jaque mate a tu adversario. ¿Eh, Cincolo? Saca el campo de batalla, hombre.