El último hombre

El último hombre

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Todo en la Constitución inglesa se había redactado pensando en el mantenimiento de la paz. Así, el último día sólo se permitía que quedaran dos candidatos en liza. Además, para evitar en lo posible la lucha final entre ellos, se ofrecía un soborno a aquel de los dos que renunciara voluntariamente a sus pretensiones. Se le reservaba un cargo que le reportaba honor y pingües ingresos, y el éxito garantizado en una futura elección. Con todo, por curioso que parezca, ese caso no se había dado nunca hasta el momento y la ley había quedado obsoleta (nosotros ni siquiera la habíamos tenido en cuenta en el curso de nuestras conversaciones). Por tanto, supuso para todos una sorpresa mayúscula que, una vez se nos hubo pedido que nos constituyéramos en comité para la elección del Lord Protector, el miembro que había nominado a Ryland se alzara y nos informara de que su candidato había renunciado a sus pretensiones. En un primer momento aquella noticia fue recibida con el silencio. A éste le siguió un murmullo confuso que, cuando el presidente declaró a lord Raymond oficialmente electo, se convirtió en aplauso y ovación de victoria. Parecía que, si ignorando todo temor a la derrota el propio señor Ryland no hubiera presentado su renuncia, todas las voces se habrían unido igualmente a favor de nuestro candidato. De hecho, una vez la idea de la competición se hubo disipado, los corazones regresaron al respeto y la admiración anteriores para con nuestro amigo. Todo el mundo sentía que Inglaterra no había contado jamás con un Protector tan capaz de cumplir con los responsabilidades de su alto cargo. Una sola voz, hecha de muchas voces, resonó en toda la cámara, gritando el nombre de Raymond.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker