El último hombre

El último hombre

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

De pronto oí un grito desgarrado. Una forma pareció alzarse de la tierra, avanzó rápidamente hacia mí y se hundió una vez más en el suelo, más cerca de donde me hallaba. Todo sucedió tan deprisa que me costó tirar de las riendas del caballo para que se detuviera y no pisara al ser que yacía allí postrado. Las ropas de aquella persona eran las de un soldado, pero el cuello desnudo y los brazos, así como los gritos continuos, revelaban que se trataba de una mujer disfrazada. Desmonté para ayudarla mientras ella, entre lamentos, la mano en un costado, resistía mi intento de levantarla. Con las prisas del momento había olvidado que me hallaba en Grecia, y en mi lengua natal traté de aliviar sus sufrimientos. Entre terribles gritos de dolor, la agonizante Evadne (pues se trataba de ella), reconoció la lengua de su amado. El dolor y la fiebre causados por la herida habían hecho mella en su cordura, y sus exclamaciones y débiles intentos de escapar me movían a la compasión. En su delirio desbocado pronunció el nombre de Raymond y me acusó de impedirle reunirse con él, mientras los turcos, con sus temibles instrumentos de tortura, estaban a punto de quitarle la vida. Y entonces, de nuevo, se lamentó tristemente de su sino, de que una mujer, con corazón y sensibilidad femeninas, se hubiera visto arrastrada por un amor desesperado y unas esperanzas vanas a tomar las armas y a padecer unas privaciones masculinas superiores a sus fuerzas, a entregarse al trabajo y al dolor... Mientras balbuceaba, su mano seca y caliente se aferraba a la mía y su frente y sus labios ardían, encendidos por el fuego que la consumía.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker