El último hombre
El último hombre Las fuerzas le fallaban por momentos. La levanté del suelo; su cuerpo desgarrado colgaba casi inerte entre mis brazos, y apoyó su cara hundiéndola en mi pecho. Con voz sepulcral murmuró:
-¡Este es el fin del amor! ¡Pero no es el fin! -El delirio le dio fuerzas para elevar un brazo en dirección al cielo-: ¡Allí está el fin! Ahí volvemos a vernos. Muchas muertes en vida he sufrido por ti, oh Raymond, y ahora expiro, convertida en tu víctima. Con mi muerte te poseo. ¡Mira! Los instrumentos de la guerra, el fuego y la peste son mis servidores. Me atreví y los vencí a todos. Hasta ahora. Me he vendido a la muerte con la sola condición de que tú me siguieras. Fuego, guerra y peste unidos para tu destrucción. ¡Oh, Raymond! ¡No estarás a salvo!