El último hombre
El último hombre ¡Fijaos en Inglaterra! La hierba crece muy alta en los prados, pero húmeda y fría, no nos sirve de colchón. De maíz carecemos, y los escasos frutos que en ella crecen no nos bastan. Debemos buscar el fuego en las entrañas de la tierra, pues de otro modo la atmósfera severa nos llena de reuma y de dolor. El esfuerzo de centenares de miles podría hacer de este rincón del mundo un lugar adecuado para la vida de un solo hombre. ¡Así que rumbo al sur, rumbo al sol! Allí la naturaleza es amable, allí Júpiter ha vertido el contenido del cuerno de Amaltea y la tierra es un jardín.