El último hombre
El último hombre Cuando el sol descendió, camino del oeste, y las sombras del atardecer se hicieron más alargadas, nos preparamos para iniciar el ascenso a la montaña. Las atenciones que debíamos dedicar a los enfermos nos obligaban a avanzar despacio. El camino tortuoso y empinado nos deparaba vistas de campos rocosos y colinas, las unas ocultándose a las otras, hasta que nuestro ascenso nos permitió verlas todas en sucesión. Apenas hallábamos sombras que nos protegieran del sol bajo, cuyos rayos oblicuos parecían cargados de un calor que nos causaba gran fatiga. Hay ocasiones en que dificultades menores se vuelven gigantescas, ocasiones en que, como el poeta hebreo expresa con gran viveza, «la langosta es una carga»,89 y eso sucedía con nuestra desventurada expedición aquella tarde. Adrian, por lo general el primero en hacer acopio de todo su ánimo y soportar fatigas y contratiempos, dejaba la elección del mejor camino al instinto de su caballo, mientras avanzaba con los miembros relajados y la cabeza gacha, que sólo a veces levantaba, cuando lo empinado del ascenso le obligaba a agarrarse mejor a la silla. De mí se apoderaban el miedo y el horror. ¿Su aspecto lánguido indicaba que también él se había contagiado? ¿Por cuánto tiempo más, cuando contemplara ese espécimen inigualado de mortalidad, percibiría que sus pensamientos respondían a los míos? ¿Por cuánto tiempo más aquellos miembros obedecerían a su espíritu? ¿Por cuánto tiempo más la luz y la vida habitarían en los ojos del único amigo que me quedaba? Así, avanzando despacio, remontábamos un monte sólo para descubrir que tras él se alzaba otro que también debíamos ascender. Tras cada saliente hallábamos otro, hermano del anterior, interminablemente. A veces la presión de la enfermedad en alguno de nosotros llevaba a detener toda la cabalgata. Alguien pedía agua o expresaba con vehemencia el deseo de reposar. El grito de dolor, el sollozo acallado de quien lloraba al difunto... Ésos eran nuestros tristes compañeros de viaje en nuestra travesía por el Jura.