El último hombre
El último hombre Aquella noche estuvo marcada por otro suceso. Al pasar por Ferney, camino de Ginebra, desde la iglesia rural que se alzaba rodeada de árboles y casas deshabitadas nos llegó el sonido casi olvidado de una música. El lamento de un órgano, con sus tonos profundos, despertaba el aire mudo y reverberaba largo tiempo en él, fundiéndose con la intensa belleza que revestía los montes, bosques y aguas circundantes.