El último hombre
El último hombre Oculté el rostro entre las manos. El trino de los pájaros que se iban a dormir, los crujidos que trasmitían a los árboles, alteraban el silencio del aire vespertino. Cantaban los grillos, el aziolo ululaba a intervalos. Había estado pensando en la muerte, pero esos sonidos me hablaban de la vida. Alcé los ojos. Pasó un murciélago. El sol se había puesto tras la línea desnuda de montes y la luna pálida, creciente, surgía blanca, plateada, entre el ocaso anaranjado, en compañía de una estrella brillante, prolongando así el anochecer. Un rebaño de vacas pasó por el prado, más abajo, sin pastor, hacia su abrevadero. La brisa amable mecía la hierba y el verde marino de los olivares, bañados por la luz de la luna, contrastaba con la oscuridad de los castaños. Sí, ésta es la tierra. No hay cambios en ella, no hay ruina ni herida infligida en su extensión verde. Sigue girando una y otra vez, alternando día y noche, a través del cielo, aunque el hombre ya no la adorne ni la habite. ¿Por qué no podré olvidar yo, como uno de esos animales, y dejar de sufrir las desgracias que soporto? Y sin embargo, qué mortífera brecha se abre entre su estado y el mío. ¿Acaso no tienen ellos compañeros? ¿Acaso no se emparejan ellos, y engendran crías, y habitan en un hogar que, aunque no nos lo expresen con palabras, no lo dudo, les resulta querido, y se enriquece con la compañía de los congéneres que la naturaleza les ha dado? Solamente yo vivo en soledad, yo, en lo alto de esta colina, observando la llanura y los pliegues de las montañas, el cielo y su población de estrellas, escuchando todos los sonidos de la tierra, el aire, las olas susurrantes.. Yo soy el único que no puede expresar sus muchos pensamientos a un compañero ni apoyar mi cabeza fatigada sobre un pecho amado, ni beber de otros ojos el rocío embriagador, más dulce que el néctar fabuloso de los dioses. ¿No he de lamentarme entonces? ¿No he de maldecir el mecanismo asesino que ha segado a los hijos de los hombres, mis hermanos? ¿No he de maldecir a los demás retoños de la naturaleza, que osan vivir gozando, mientras yo vivo sufriendo?