El último hombre
El último hombre ¡Ah, no! Acostumbraré mi corazón doliente a alegrarme de vuestra dicha, seré feliz porque vosotros lo sois. Vivid, vivid, inocentes, primores escogidos de la naturaleza. No soy tan distinto de vosotros. Nervios, pulso, cerebro, articulaciones y carne, de ello estoy compuesto y las mismas leyes rigen para vosotros. Yo poseo algo más, pero puede considerarse un defecto, no un don, si me lleva a la tristeza, cuando vosotros, en cambio, sois felices.