Frankenstein
Frankenstein Abandoné el lugar y seguí andando, aunque la oscuridad y la tormenta aumentaban por minutos y los truenos retumbaban ensordecedores sobre mi cabeza. La cordillera de Saléve, los montes de jura y los Alpes de Saboya repetían su eco. Deslumbrantes relámpagos iluminaban el lago, dándole el aspecto de una inmensa explanada de fuego. Luego, tras unos instantes, todo quedaba sumido en las tinieblas, mientras la retina se reponía del resplandor. Como sucede con frecuencia en Suiza, la tormenta había estallado en varios puntos a la vez. Lo más violento se cernía sobre el norte de la ciudad, sobre esa parte del lago entre el promontorio de Belrive y el pueblecito de Copét[52]. Otro núcleo iluminaba más débilmente los montes jurásicos, y un tercero ensombrecía y revelaba intermitentemente la Móle, un escarpado monte al este del lago.